21 de junio, 2016

Hace cuatro años me subía a un tren con once otros individuos que no conocía, pero con quien pasaría los siguientes años viajando con mochila al hombro, cocinando, y aprendiendo como ser responsable financieramente. En un día, me subiría a un avión para viajar trece horas hacia Ecuador con 12 estudiantes de REACH, con quienes había empezado esta jornada de cuatro años. La gente a quien le eh platicado del viaje me pregunta si estoy animada o si estoy nerviosa. Pero la verdad es que no eh tenido una buena respuesta para estas preguntas. Se me ha dificultado pensar cómo será mi experiencia en Ecuador. Pase los primeros 18 años de mi vida viviendo en el mismo pueblo rural, en la misma calle, en la misma casa. Desde la escuela prescolar, hasta la preparatoria tuve los mismos amigos. Es difícil imaginarme en otro país, cuando solo se una manera de vida. No sé qué esperar, pero espero regresar a mi pueblo rural con una perspectiva más amplia.

Un día típico para mi durante el año académico consiste en remar, asistir a clase, ir a trabajo de estudiante de práctica, cuidar a niños, e intentar de tomar una siesta o comer algo entre todo eso antes de dormirme y levantarme a repetirlo todo el próximo día. Es fácil quedar atrapado en las rutinas cotidianas. Nos ensenan en la escuela, desde temprana edad, que tenemos que estar en un salón especifico, en un tiempo específico, y si no, hay consecuencias. A menudo me encuentro negando invitaciones para acampar, noches de cine, a noches fuera con amigos, porque “no tengo tiempo.” Pero si pasamos la vida estrictamente en rutina, entonces estamos enfocados en donde se tiene que estar en una hora, en vez de apreciar lo que está sucediendo en el momento. Creo que algo que se me hará difícil en Ecuador, es que ellos no están tan preocupados por el tiempo, y manteniéndose en un horario, como lo hace nuestra cultura. De lo que eh leído, ellos viven la vida despacio. Los negocios no necesariamente tienen horarios en los que abren y cierran, es más basado en si se sienten listos. Si un amigo te dice que te ve a las 5pm, quizá lleguen cuarenta minutos tarde, y esto se considera aceptable. Durante mis semanas en Ecuador, espero vivir pacientemente. Al vivir una vida a un paso más despacio, espero que me ayude a apreciar mi vida mucho más.

Al viajar a territorios desconocidos, se espera alguien quiera regresar a lo que conoce y se le es familiar. Yo creo que es fácil interactuar con otros que viajan, porque conocen tu lenguaje, cultura y costumbres. Pero eso nos remueve de las experiencias en el nuevo país. A pesar de estar lejos de casa, espero mantener una mente abierta. Estoy interesada en aprender acerca de la cultura de los ecuatorianos al quedarme con mi familia anfitriona, y sé que me ayudara. Después de vivir con una familia, espero entender lo que valoran en la vida. Quiero entender los diferentes papeles que cada miembro de la familia tiene. Quiero aprender acerca de las tradiciones en las que participan cada ano.

Ay tanto que puedes aprender acerca del mundo al viajar, que no se puede ensenar en un salón. A pesar de que mi universidad ofrece cuatro cursos diferentes acera de la gente indígena quechua de Sur América, su lenguaje, cultura, y su historia, estos cursos no pueden ensenar lo que se puede vivir en el mundo actual. Estos cursos se ensenan del punto de vista de un profesor, basado en sus conocimientos y experiencias. Estar en un salón con treinta estudiantes que no saben nada acerca de los Quechua, y están tomando la clase solo porque les parece interesante, no me provea con la misma percepción de viajar a Ecuador personalmente. Cuando te inmersas en un país y su cultura, ahí es cuando aprendes más, no sentada en un escritorio 4,500 millas lejos de la fuente.

- Brooke