3 de Julio, 2016

Es asombroso como los días comienzan a volar. Los primeros días del viaje me dejaron con un sentimiento como si estuviera en Ecuador por semanas, pero ahora que estoy acostumbrado con mi familia anfitriona, los días pasan más rápido de lo que me gustaría. Acabo de colgar mi ropa lavada afuera, bajo el bello cielo de Ecuador. Podría pasarme horas aquí en este balcón, mirando sobre Quichinche por horas. Joceline y yo salimos temprano con el resto del grupo a comer helado y las MEJORES papas fritas que he comido. Algo tan simple como caminar por la vecindad fue divertido. Eh notado que sin las distracciones que tengo en casa, es más fácil divertirme. Para mí, es más fácil estar presente y disfrutar cada momento aquí.   

Hoy, en grupo, fuimos a una estación meteorológica que queda como a una hora de donde vivimos. Conocimos a Gallo, el que vigila los instrumentos, y la persona que colecta la información acerca del clima. Lo que estaba diciendo realmente resonó conmigo cuando empezó a hablar sobre el cambio climático. Algo que note cuando llegue a Ecuador es qué bello es el país. Recuerdo que me sentí emoción de estar en un lugar tan natural y prístino en contraste a los Estados Unidos que es más industrial y comercial. Cuando el señor expresó su enojo, porque se está dañando a Ecuador, por la falta de protección del ambiente natural, realice que él y yo tenemos el mismo miedo acerca de nuestros hogares. En vez de ver a Ecuador como un lugar sin contaminación y sin efectos nocivos del clima, ahora entiendo que este lugar también está sufriendo. Hoy me ayudo bastante, porque por fin deje de percibir a los EEUU y Ecuador como dos lugares diferentes. Los dos lugares tienen algunos de los mismos problemas, y al escuchar al señor hablar del cambio climático en Ecuador, me ayudó a relacionar a los dos lugares.

Antes de hoy, estábamos pintando dos salones en la escuela Panecillo. Primero lijamos todas las paredes (¡todavía me duele el brazo!) y luego pintamos. Fue muy divertido y fue bonito ver el producto completo en el que colaboramos. Durante esos días me sentí con nostalgia y también físicamente mal, pero al jugar con los niños en la escuela me sentí mucho mejor. La mañana antes de que empezamos a pintar, algunos de nosotros nos unimos a un juego de fútbol con los niños. En los primeros cinco minutos del juego, se me olvido de mi mal humor y mi dolor de garganta. Mi enfoque estaba en los niños y que tanto nos estábamos divirtiendo. Conectarse con los niños en Ecuador, me ha hecho sentir menos nostálgico, porque a pesar de algunas diferencias, los niños son básicamente iguales en todos los países. Sin importar a donde vaya, los niños siempre están llenos de energía, animados por jugar, y siempre son mejores deportistas que yo. Tener la oportunidad de pasar tiempo con los niños de Ecuador es tan valorable, no solo porque me hace sentir menos nostálgico, pero porque me da otra perspectiva acerca de cómo aprender de Ecuador.

La niñez es un tiempo que todos recordamos, y ver como es la niñez aquí en Ecuador me ayuda a relacionarla a la vida en los EEUU.

Ya sea notar la feroz competitividad de mi sobrina anfitriona (que rivaliza con la mía propia) o ver que tan fuertes son los niños aquí, después de que se caen  o los patean durante el futbol, pasar tiempo con ellos me enseña lo que de verdad es ser ecuatoriano.

Aunque solo hemos estado aquí un poco más de una semana, he aprendido mucho y tenido varias experiencias. Cada día es tan lleno de nuevas experiencias y siempre voy a la cama con mucho cansancio. Caída día tengo más confianza y más ánimo acerca de lo que está por venir. Y sea la comida o la belleza natural, o los niños, Ecuador constantemente me da nuevas maneras de aprender y vivir.  

-Becky A.